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EL APOCALIPSIS

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Cuando pienso en “apocalipsis” no me imagino solo grandes explosiones de película; imagino que se rompan las cosas básicas que permiten vivir: hospitales que dejan de funcionar, cosechas que fallan, gobiernos que no pueden gobernar, y generaciones que pierden su historia. Entre todas las amenazas que existen hoy, las armas nucleares me parecen especialmente peligrosas. Esto es por varias razones, explicadas de forma sencilla.

Primero: el poder de destrucción. Una bomba nuclear moderna puede borrar una ciudad en minutos. Hay miles de estas bombas en manos de varios países, y muchas están listas para usarse. Eso significa que, en un solo día, podría morir muchísima gente y quedar destruida mucha infraestructura básica.

Segundo: el riesgo de que el conflicto aumente. Las tensiones entre países grandes o entre países con aliados pueden empezar con un incidente pequeño y crecer rápidamente. Un error, una alarma falsa o una respuesta equivocada podrían convertir un choque local en algo mucho peor, y entonces sería difícil pararlo.

Tercero: las consecuencias a largo plazo. Además de las explosiones, los incendios producirían tanto humo que sube a la atmósfera y tapa la luz del sol. Si disminuye la luz y baja la temperatura, las cosechas fracasarían y habría hambre en muchas partes del mundo. Es decir, incluso quien sobreviva a la explosión inicial podría morir después por falta de comida o por enfermedades.

Cuarto: los acuerdos que controlan las armas están flojos. En los últimos años se han debilitado tratados y controles que antes ayudaban a evitar una carrera de armas. Cuando esas reglas están menos fuertes, usar o probar armas es más fácil de imaginar, y eso aumenta el peligro.

Quinto: la incertidumbre social. Una guerra nuclear no solo destruye cosas materiales; también rompe la confianza entre las personas. Cuando faltan alimentos, energía e información fiable, la sociedad se divide: hay violencia interna, migraciones masivas y muchas instituciones como escuelas y hospitales dejan de funcionar. Para mí, lo apocalíptico no es solo el evento, sino la incapacidad de recuperar un mínimo de normalidad después.

En resumen: no creo que un apocalipsis nuclear sea inevitable, pero sí posible mientras existan grandes arsenales, sistemas de alerta y tensiones sin resolver. 

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